Amanda Stein

Final (in)feliz

4 Diciembre 2009 · 43 comentarios

Lo bueno:
Ya no me importa  lo que Mauro piense de mí, así que estoy habilitada para hacer casi cualquier cosa.

Lo malo:
Todavía no consigo elaborar una estrategia para irme YA.

Después del fascinante relato de sus aventuras rusas, Mauro sigue hablando. Las primeras citas es una de las pocas circunstancias en que es mejor ser mujer. Los mismos hombres que si la relación avanza enmudecen, la primera vez llevan el peso de la conversación. Y en caso de que todo haya sido un error, podés limitarte a decir ¿En serio? mientras el otro habla. Normalmente yo también trato de colaborar  para repartir el peso del fracaso, pero esta vez ni me molesto.

Estoy diciéndole que justo hoy estoy apuradísima, que mis hijas me esperan en casa hambrientas y solitarias cual huerfanitas de una novela del siglo XIX, cuando en la vida real deben estar cada una frente a su PC comiendo galletitas. En eso, Mauro se levanta y se dirige a la mesa de a lado. Con grandes manifestaciones de alegría, se saluda y abraza con dos hombres que están sentados ahí. Por lo que veo,  amigos con los que se encontró casualmente. Mucho “¡Tanto tiempo!” y “¿Cómo estás?” y en medio de tantas efusiones, Mauro vuelve y me hace levantar para presentarme a sus amigos. Digo “Hola, qué tal” y “encantada” con mi cara más fingida mientras pienso: ¿Para qué me los presenta si nunca más nos vamos a volver a ver? Cuando le pregunten “Y, ¿qué tal esa mina del otro día?”, va a tener que contestar: “No sé, nunca más la vi”.

Mientras volvemos a nuestra mesa, empiezo a decir: “Bueno, ya se me hizo un poco tarde. Mis hijas me deben estar esperando…” cuando suena el celular de Mauro. Atiende mientras me dice: “disculpame, es por un tema de trabajo” y se pone hablar sobre una reunión para decidir no sé qué sobre la compra de unos campos. Aprovecho su distracción para llamar desesperadamente al mozo y pedirle la cuenta. Misedicordiosamente me la traen enseguida. Saco mi billetera para pagar, pero Mauro me detiene y paga él. Bien por él, aunque a esa altura estoy tan desesperada por irme que todo  lo que tuviera que pagar por mi libertad me parece poco.

Una vez liquidada la cuenta, me levanto sin ninguna explicación y camino hacia la puerta. Mauro me sigue mientras habla por el celular y me hace gestos de que no puede cortar la conversación. Por que siga hablando, pude salir del Aroma y nada me va a detener en el camino triunfal hacia mi auto y mi casa. Desgraciadamente, Mauro no me permite huir tan fácilmente. Me pide que lo espere hasta que pueda cortar. Me da vergüenza dejarlo hablando solo, además ya casi lo logré. Me pongo de espaldas mirando una vidriera, como si me fascinara lo que tienen en exhibición. Por fin termina la conversación y Mauro me acompaña al auto. Un caballero.

Me despido por siempre jamás y  manejo deseando estar ya en mi casa en pijama. Llego, meto el auto en la cochera, no veo que el de mi vecino quedó un poco más salido,  lo toco con mi puerta (rayón :-( ) y le hago un raspón al guardagolpes del suyo :-(

¿Quién fue el imbécil que dijo que la vida es hermosa?

Mientras busco las llaves, escucho que el teléfono suena.

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(Hasta ahora) La peor cita de mi vida

2 Diciembre 2009 · 52 comentarios

Sí, es él. El idiota del auto rojo al que estuve puteando mentalmente es el candidato de mi cita. Podría haber negado lo evidente y decir “No, no soy Amanda. Me llamo Alicia y estoy esperando a una amiga”, pero ya vio fotos mías y además estoy en un estado de shock que me impide pensar con rapidez.

Trato de acomodarme a la situación y usar mi enfoque positivo en tratar de pasar el mal momento lo mejor posible. Me digo que no es tan grave, es como si me hubiera quedado encerrada con un desconocido en el ascensor, como si me hubieran sentado al lado de un insoportable en un casamiento. Tengo que mantener una charla insustancial hasta que se pase el tiempo mínimo para recuperar mi libertad y huir para siempre.

Así que finjo una sonrisa, pero mientras digo “Hola, Mauro” pienso que quizás fue solo un mal comienzo. Todos cometemos errores, a veces en el peor momento. De repente, me escucho decir:
- La seguridad vial no es lo tuyo, ¿no?
Estoy deseando escuchar “Sí, la verdad… no sé qué me pasó. Cuando ví ese lugar, no lo pensé. Después me di cuenta de lo que había hecho y no lo podía creer”…

Pero Mauro se encoje de hombros y con un gestito despectivo, contesta:
- Y bueno, tenía que estacionar.
NEXT y recontra NEXT, pero antes ¿no teníamos una cita pendiente?

Así que con paso lento, me dejo conducir hacia una de las mesas y pido un café. Uno chiquito, sé que nunca más me va a volver a ver y me parece justo que su inversión en mí sea mínima. Empezamos a tratar de hilar alguna conversación y de alguna manera nos ponemos a charlar sobre los idiomas. Hablamos del inglés, del alemán, del hebreo… Le cuento que hace poco Juli dio el tercer nivel del examen internacional de japonés. Sé que eso inevitablemente va a rellenar la charla por unos minutos con las preguntas que casi todo el mundo hace sobre el japonés. ¿Es difícil? ¿Cómo se escribe?…

Todavía me siento un poco incómoda, pero no es peor que otras citas que tuve. Mauro me cuenta que también estudió algo de ruso.
- ¿Ruso? -pregunto. ¿Por algo en especial?
- Lo que pasa es que viajé un par de veces a Rusia- me explica- y me interesó estudiar el idioma.
- ¡Rusia! Es fascinante… ¿Cómo es? ¿Qué es lo que más te gustó?
Y Mauro me cuenta.

Yo esperaba que me hablara del patrimonio cultural o de la arquitectura o de las dificultades de la transición entre el régimen comunista soviético y el capitalismo posterior a la caída del Muro. Pero Mauro arranca diciéndome que las rusas son muy bonitas y que están prácticamente desesperadas por salir con extranjeros. Por lo cual, le fue muy fácil levantarse a una rubia espectacular, a la que por supuesto, quiso llevar a la habitación del hotel donde se alojaba. Sin embargo, la corrupción que reina en la Rusia postsoviética es tal que el recepcionista del hotel osó pedirle plata para dejarlo pasar al cuarto con la rubia.

Por supuesto que Mauro no iba a tolerar semejante atropello. Se peleó con el recepcionista y bla, bla, bla. No me queda claro que pasó con la rubia, si fueron a otro lado o si consiguieron pasar, pero considero que puedo sobrevivir sin esa información y prefiero no preguntarle. No dudo de la veracidad de la historia, pero no entiendo para qué me la cuenta. Sin embargo, todavía no había terminado.

Desconforme con haberse limitado a pelear en medio de la noche, al día siguiente aprovechó que el lobby estaba mucho más concurrido para gritarle delante de más gente. “Para humillarlo públicamente” me dice con el tono de un héroe de la Liga de la Justicia.

No sé que decir, no sé adónde mirar. Y lo más importante, no sé cómo huir. Lamento con toda mi alma no estar en un evento de speed dating y que una campana salvadora se lo lleve al infinito y más allá a los 8 minutos. Yo moriría antes de contar algo así en la primera cita. Ni en la tercera, ni en la quincuagésima sexta. Lo ocultaría para siempre o solo lo confesaría en una borrachera. Pero Mauro parece orgulloso de su relato.

¿Por qué no puedo simplemente levantarme e irme? -pienso. Pero sigo sentada frente a mi taza vacía de café. ¡Malditas reglas sociales!

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Mauro, el conductor intrépido

30 Noviembre 2009 · 32 comentarios

A propósito de la nota de Perfil, Javier mi ex se enteró de la existencia del blog.  Hay pocas cosas que no te hayas gritado con tu (ex) cónyuge en la etapa de la disolución de tu matrimonio, así que no hay mucho que agregar, ni relación que salvar,  pero no era mi intención que supiera tanto sobre mi vida sin él.

Afortunadamente, escribió para felicitarme, decirme que lo había leído y que le había gustado mucho. Supongo que eso demuestra que no somos exs resentidos, por lo menos no más de lo necesario. Pero también opinaba que tenía que escribir más sobre sexo, porque si no “era un blog muy de mina”  y que tratara de poner y alargar más las escenas eróticas.

Disculpame, querido (ex querido).  El blog es muy de mina, porque yo SOY una mina. Y en cuanto a las escenas de sexo, no sé muy bien a qué se refiere. Si lo que me quiere decir es que no me sale escribir porno, ya lo sé. Existen muchos otros blog con temática erótica,  así que no es algo que me preocupe demasiado. Si a lo que se refiere es que la mayor parte de los post podrían estar escritos por una monja, no es mi culpa. En todo caso, el problema no sería la falta de sexo en el blog, sino la falta de sexo en mi vida que es un tema mucho más grave.

(Volviendo a lo de la monja, sería una especie de monja que cumple con los votos de celibato, pero se cita con desconocidos en bares. Bueno, en todo caso, quédense solamente con la idea de la castidad.)

Cambiando de tema, al final no me encontré con Ignacio. Unas horas antes, canceló la cita por sms porque le había surgido algo con los hijos. Desde el momento en que los chicos tienen catorce y diecisiete años, para que un padre cancele una cita, tiene que haber pasado algo grave -posible, pero poco probable-, o es otro de los que usan a los hijos como excusa. Sea como fuere, me fastidió que ni siquiera se tomara la molestia de llamarme para cancelar, pero bueno… tampoco puedo decir que me haya roto el corazón.

De los mails que mandé el otro día, me terminó llamando Mauro y de acuerdo a mi nueva política de “que sigan pasando hasta que llegue el indicado”, hablamos dos minutos y arreglamos enseguida para vernos. Así es que como a la hora señalada salgo para el Aroma de Armenia y Honduras.

Desafortunadamente para mí, soy obsesivamente puntual por lo que llego al lugar y estaciono frente al Aroma cinco minutos antes.  Desde el auto, tengo una buena visión de la entrada y no veo a nadie que pueda responder a la descripción de Mauro. Me quedo esperando en el auto, mientras recuerdo que en ese mismo lugar fue mi primera cita con Pablo. ¡Fuera malos pensamientos! Ya son las siete en punto, así que dejo el auto y me quedo esperando en la puerta de Aroma. Tengo un buen pálpito con esta cita. La hora, el lugar y hecho de que mi candidato sea también  ingeniero, me hacen acordar la primera vez que me encontré con Pablo. Además estoy tratando de ser positiva, quizás ayude.

En eso veo un auto rojo que avanza trabajosamente en medio del tránsito, por la mano izquierda de Armenia. De repente, se tira hacia la mano derecha de la calle y se queda allí detenido. Milagrosamente no se produjo ningún accidente, pero el caos es indescriptible. Un ciclista al que casi atropellla lo insulta ¡HIJO DE PUTA! es lo más suave que le dice y debo reconocer que no le falta razón.

La razón de la la maniobra suicida fue que delante de mi auto había quedado un lugar para estacionar. Mientras tanto los otros conductores lo insultan y le tocan bocina, pero el auto rojo sigue clavado ahí como si nada, bloqueando la calle. El desastre se prolonga unos minutos, por un lado los autos no pueden avanzar, por el otro el conductor no puede estacionar porque no tiene lugar para maniobrar.

Lo miro incrédula mientras consigue estacionar de alguna manera. Me pregunto, ¿cómo te podés cagar así en los demás? ¿Qué clase de persona se arriesga a hacer una maniobra peligrosa, a ser insultado, a parar el tránsito sin que te importe nada? ¿No era mejor dar una vuelta o estacionar en la otra cuadra?

Claro, por eso estamos como estamos, por todos esos tipos, que solo piensan en ellos y los demás que se vayan a la mierda… Estoy realmente indignada. Odio a la gente así. De repente me atraviesa una idea horrible, ¿ese tipo no será mi cita, no?

El conductor se baja de auto rojo (por favor, no), cruza la calle (por favor, no) y se dirige a mí (POR FAVOR, ¡NO!):

- Hola, ¿Amanda?

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Tarde de lectura y té verde con jazmín

27 Noviembre 2009 · 26 comentarios

Me siento frente al monitor con un té verde con jazmím para comenzar. Miro un poco las flores del balcón de mi dormitorio…

… y me dispongo  a una tarde de lectura y análisis. Abro a página de match.com, activo “Búsqueda guardada 1″ (busco hombre entre 40 y 52 años, que viva en Buenos Aires, no fumador) y me concentro en las cincuenta páginas de perfiles que aparecen.

La mayoría descartables, algunos interesantes, los más promisorios los analizo con Ceci vía MSN. De esos mando varios mails, ya les contaré si me contestan y que resulta. Pero, no todo es trabajo :-) También hay momentos de diversión.

No me gusta describirme porque caería en lo bulgar (bueno, amable, cariñoso, etc…) prefiero la intriga y que me conozcas.

Mmm, me hace acordar al chiste que dice: “Es mejor quedarse callado y que los demás se pregunten si somos tontos, a abrir la boca y confirmarlo”. O sea, este señor cree que lo único que muestra de él (que tiene faltas de ortografía y le parece demasiado trabajo usar el corrector ortográfico), me va a intrigar tanto que voy  a arder en deseos de conocerlo antes que al resto. Interesante punto de vista… pero sigue:

Una MUJER que se precie de tal, sin prejuicios y con una entrega total, sin caer en el histerismo ni la careteada. Que se anime a la aventura de entregarse con el cuerpo y el alma , que me haga sentir HOMBRE, te contesto.

Entregarse totalmente, ¿a quién? Hacer sentir hombre ¿a quién? Él es tan perfecto que no necesita presentarse, solo exponer su lista de requisitos.  Además esos que buscan enamorarse a primera vista, son los que te descartan porque en el momento en que dijiste “Hola”, no sintieron que eras la mujer de su vida. Qué se yo, si a alguna le interesa puede tirarte el lance a ver si justo ella es la que  lo hace sentir hombre. Yo paso.

Otro escribe a modo de presentación:

Busco una mujer parecida a mí, que sepa que hay hora para ir a trabajar y no para volver, pero no que esté pensando siempre en lo malo, porque esa sería la forma de actuar de ella, entonces la convivencia sería un desastre, tiene que haber confianza en el otro.

Releyendo esta presentación del tipo “yo te avisé”, me queda la intriga de saber si la ex lo dejó porque es un adicto al trabajo o porque usaba la excusa del laburo para engañarla con otras…

Otro que parece haber tenido malas experiencias:

Que se cuide en las comidas, que no me persiga, y que piense que si uno está con ella, no desconfíe.

¿La ex habrá sufrido de celos patológicos o tenía sus buenas razones?

Y otro que sabe lo que quiere, pero no cómo expresarlo:

alguien conquien pasar un buen rato que tenga ganas de pasarla bien divertirse y mul pero muy liveral ensi que le guste la loda que no tenga verguensa que sea lansada qque encare y no arrugue ante nada

¿Y alguien que le enseñe ortografía? Solo lo necesario para que el corrector ortográfico pueda reconocer las palabras…(“loda”, ¿se referirá a joda o la lucha femenina en el lodo?)

Más otro que sabe lo que quiere y  sabe expresarlo, pero ¿no estará siendo demasiado específico?

Busco mujer rubia, alta, bonita, casera y culta de entre 25 y32 años, de origen europeo, que quiera tener entre 3 y 6 hijos, para formar una familia en la Patagonia.

Podría seguir, pero creo que ya cumplí con mi pequeña maldad del día ;-) . ¿Se acuerdan de Ignacio? Habíamos chateado mientras estaba en Montevideo, en la casa de Ceci. Cuando volví me llamó,  pero yo estaba manejando y no pudimos hablar. Después de una semana, ayer me pasó un sms para vernos esa misma noche. La verdad es que con tan poco anticipación no podía salir, pero lo llamé hoy y arreglamos una cita para el fin de semana. Para ser sincera, fue la primera vez que hablamos por teléfono y me pareció bastante aburrido. Lo que pasa es que una vez que llegás a hablar para concretar la cita, ¿cómo le decís “la verdad ahora que te escucho no me gustás ni como para vernos un rato”? Siempre cabe la posiblidad de me haya equivocado y que en persona sea más interesante.

Por lo menos eso espero.

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¡Soy famosa!

25 Noviembre 2009 · 23 comentarios

Ustedes ya sabían que mi blog es absolutamente relevante :-) , pero por favor léanlo igual:

LOS 10 BLOGS FEMENINOS MÁS RELEVANTES

Los 10 blogs femeninos más importantes de Argentina según el periódico Perfil

Pueden decir que me conocían de antes.

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Pablo termina de volverme loca

25 Noviembre 2009 · 23 comentarios

Me quedé esperando la respuesta de Pablo a mis fotos hot. Y esperé y esperé hasta que me acordé de que esa película ya la había visto. Así que no me molesté en seguir así, ni mucho menos en usar algún método sutil como mandar un sms o un mail. Al final y al cabo, no le había mandado una declaración de amor, ni le preguntaba qué íbamos a hacer el fin de semana que viene, solo quería seguir el juego, pero Pablo había desaparecido otra vez. Lo llamé (había vuelto a la agenda de mi celular) y le pregunté directamente en qué situación habíamos quedado y si pensaba volver a verme o no.

Respuesta de Pablo: me quiere, bla, bla, bla, PERO en realidad pensaba llamarme para vernos “cuando tuviéramos (tuviese) ganas”. Eso podría ser en un par de meses, años o nunca. Que para él había sido maravilloso haber estado conmigo, pero creía que vernos más seguido (según deduje, seguido vendría a ser un lapso inferior a los cuatro o cinco meses de la última vez), iba a sacar a relucir nuestros problemas. Por si lo había olvidado, me recordó que él no iba a cambiar a los cuarenta y cuatro años y que estaba bien siendo así.

Después se concentró en el “Festival de Grandes Clásicos”:

  • Que yo era maravillosa y merecía algo mejor que él.
  • Que yo quería más de lo que él me podía dar.
  • NO SOS VOS, SOY YO (desarrollado con otras palabras, pero esa era la idea)
  • Etcétera, etcétera…

Lo odio y me odio a mí misma por haberme vuelto a enganchar con él. ¡Claro que tiene razón en que merezco algo mejor! Pero por ahora no lo encuentro y, desgraciadamente, Pablo me sigue gustando. Por lo menos algunas aspectos suyos…
Pero ahora voy a hacer todo lo posible para que éste sea el final definitivo. Por lo menos lo llamé y comprobé que no malinterpreto sus desapariciones (que es lo que él me dice).

Entonces voy y cumplo con lo prometido. Borro:

  1. Celular.
  2. Contacto en gmail.
  3. Todos nuestros mails.
  4. Todas las carpetas donde tengo archivados nuestros mails.

Trato también de borrarlo de mi memoria. Pero antes de eso, comento “brevemente” el tema con mis amigas. Ceci es contundente, según ella, vuelvo a Pablo porque no tengo nada mejor. Lo que tengo que hacer es concentrarme en la búsqueda y cuando encuentre al amor-de-mi-vida, me voy a olvidar de él para siempre.

Marina tiene otro punto de vista: “Nunca hubieras podido mantener una relación de amigos con derechos con Pablo. Todavía te importa demasiado. Por lo menos por ahora…”

Y le doy la razón a ambas.

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Pablo me vuelve loca

22 Noviembre 2009 · 21 comentarios

Curiosidad: Impulso humano  que oscila entre lo grosero y lo sublime.
Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.

José María Eça de Queirós

Mañana tranquila en el consultorio. La lluvia, seguramente. Estaba tomando un café cuando suena el celular. Miro el identificador, pero aparece un número que no reconozco.
- Hola.
- ¿La Dra. Amanda Stein?
- Ella habla, ¿quién es?
- La llamo por una consulta profesional, habla el Dr. Pablo C.

¡Pablo! Hacía meses que no hablábamos, más exactamente desde que rechazó mi propuesta de vernos como amigos con derechos. Evidentemente en uno de mis ataques de furia, lo había borrado de la agenda del celular. No podía creer que me hubiera vuelto a llamar. De paso, no pude dejar de notar que seguía sin perder ocasión de lucir su doctorado. El Ph. D.  Business Administration que había hecho en Canadá, parecía ser el punto culminante de su vida. Pero me fui del tema, mientras tanto Pablo me estaba diciendo:

- Estuve pensando en vos y quería verte. ¿Por qué no nos encontramos hoy a almorzar?
- ¿Hoy mismo? Déjame pensar…
- Es que después se me complica.

Pienso: si salgo del consultorio a las once llego como para pasar primero por casa, cambiarme… Por un lado me da mucha bronca que aparezca así, como si nada hubiera pasado y que encima me apure. Pero, también es cierto que me quedé con ganas de verlo una vez más y quiero saber que quiere después de tanto tiempo. Le digo que sí y arreglamos para encontarnos cerca de su casa (algo le pasaba a su auto), en un restaurant peruano en Belgrano.

Antes de salir, pienso que si Pablo cree que puede llamarme cuando se le ocurre para tener sexo, está muy equivocado. Yo me voy a encontrar con él para comer y hablar. Punto. Me pongo un vestido que me queda bien, pero es más formal que sexy. A la tarde tengo una clase individual de inglés. Me aseguro de no tener forma de comunicarme con mi profesora de modo que el almuerzo no pueda durar más de un par de horas. Tiempo suficiente para enterarme de qué es lo que quiere Pablo y irme.

Lo veo y me sigue gustando. Me sonríe. Lo besé en la mejilla con un besito de ahora-somos-solo-amigos y nos sentamos a comer. Le conté de mi viaje a Montevideo (la parte turística, no lo que hablamos con Ceci) y del curso de fotografía que estoy haciendo. Pablo me contó sobre su trabajo en la prestigiosa universidad privada donde es profesor de la maestría, sus eternas peleas con su ex y sus proyectos para las vacaciones con sus hijos. Hacia el fin del almuerzo, le dije:

- ¿Viste que podemos encontrarnos a charlar y nada más? No soy tan peligrosa…
- Eso porque estamos separados por una mesa…
- Ay, Pablo -me río- vení que te muestro las fotos del viaje.

Pablo se pasó de mi lado, busqué las fotos en la netbook y empecé a decirle “este es el Teatro Solís”, “esta es la Ciudad Vieja” mientras Pablo se acercaba más y empezaba a besarme el cuello. Le dije “¡Ay Pablo, no seas molesto!”, pero evidentemente no soné demasiado convencida porque pasó del cuello a la boca y de ahí a acariciarme.

- ¿Vamos a mi departamento?

Y sí, sería una buena idea para no seguir dando un espectáculo público en medio del restaurant. Pero había un problema y no era que estaba haciendo lo que me había prometido no hacer. Según lo veía en ese momento, el tema era que mi profesora de inglés me esperaba en un rato y no tenía manera de comunicarme con ella. Sin embargo, después de unos minutos de lucha interior, decidí que ya que lo iba a pagar la clase era muy descortés dejarla esperando, pero tampoco tan grave…

Así fue como terminamos en el departamento de Pablo. O más bien en su cama, donde pasamos una tarde gloriosa. Quisiera saber porqué eso nos sale tan bien y el resto tan mal. Pasada la urgencia inicial, pude darme cuenta de que no solo había agregado una cama al colchón que conocí, sino que también ya le habían entregado el sofá que habíamos elegido juntos . Antes de irme me subí al sofá simulando en broma poses sexuales dignas del Kama Sutra y le sugerí usarlo en el próximo encuentro.

Me acompañó al auto y nos despedimos. Mientras volvía a mi casa, no tenía muy en claro en que situación habíamos quedado. Como pareja no funcionábamos ni Pablo había propuesto volver. Pero suponía que nos íbamos a ver con cierta frecuencia para tener sexo y quizás fuera la mejor opción.

Cuando llegué a casa, aproveché el trípode que me había comprado para el curso y me saqué algunas fotos eróticas. Por supuesto, me cuidé de que no se me pudiera identificar en las fotos. Todavía conservaba algún rasgo de lucidez…

Las mandé y me quedé esperando la respuesta de Pablo.

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En Montevideo con Ceci

20 Noviembre 2009 · 36 comentarios

Me encantaría poder describirles Montevideo, pero a pesar de que hace muy poco estuve ahí, mis recuerdos son más bien fragmentados. La Rambla, el Mercado del Puerto, Rumi, la Ciudad Vieja, fueron las escenografías donde transcurrió la charla de cuarenta y ocho horas que tuvimos desde que Ceci me pasó a buscar por la terminal de Buquebús, hasta que me llevó de vuelta.

Como se imaginarán es imposible que les cuente todo lo que hablamos, pero voy a tratar de hacer una síntesis de las conclusiones. Pensamos (bueno, Ceci piensa, pero me convenció completamente) que tengo que tomarme match como una oportunidad para conocer gente y tener citas. Pero no poner expectativas en cada una. Pensar que es difícil que surga el indicado y que probablemente sea necesario conocer a muchos antes. Por eso, tratar de no personalizarlo tanto porque si no me voy a volver loca con una desilusión tras otra.

Además, si bajo las expectativas voy a estar más relajada. Así, no solo la voy a pasar mejor, sino que voy a transmitir menos ansiedad (desesperación suena feo ;-) ) y quizás me vaya mejor. También para no deprimirme con los fracasos, es mejor no pensar en qué fallé, sino en que muchas veces son mambos del otro. Ya sé que suena como mucho más fácil de lo que realmente es, pero como guía está bueno.

Según Ceci, tengo que empezar a actuar en forma “quirúrgica”. O sea, saber bien lo que quiero e ir descartando lo que no me sirve. Ya sé que suena muy frío, pero así funciona el sistema. Otra cosa es que nunca diga que se me complica salir porque tengo una hija chica, porque eso espanta. Que como excusa siempre use el trabajo  (los médicos trabajamos un montón y en horarios raros ;-) ). La verdad es que es obvio, pero no se me había ocurrido.

Lo que pasa es que los hombres te confunden en ese sentido. Todos se la pasan hablando de lo excelentes padres que son y cuán dedicados están a sus hijos. Algunos hasta lo destacan en su perfil, tipo “lo más importante de mi vida son mis hijos” y esas cosas. Y una termina engañándose y pensando que ellos lo creen una virtud. Pero, en verdad el amor a los hijos es un concepto más bien teórico y en todo caso, solo se aplica a los suyos.  Los nuestros son nuestro problema y que no jodan. Son dos categorías diferentes. Además,me encantaría poder hablar con sus ex para que me cuenten si de verdad son padres tan excelsos como dicen. De mi corta experiencia pude deducir que los hijos son omnipresentes cuando no les interesás demasiado. Pero cuando realmente te quieren ver, no sé que hacen con ellos, pero desaparecen por arte de magia. Me gustaría saber que les decía mi ex a sus citas sobre sus supuestas virtudes paternales…

Pero como se imaginarán no estuvimos todo el tiempo filosofando. Ceci me sentó frente a su notebook y prácticamente me obligó a aplicar la teoría. El trabajo práctico consistió en analizar un montón de perfiles y en una sesión de chateo con un tal Ignacio que al tercer renglón me estaba invitando a un café. Fue divertido decirle que en ese momento estaba en Montevideo, a punto de salir para Atlántida a pasar la tarde. Pero nos pasamos los celulares y prometió llamarme apenas volviera para arreglar. Lo hizo, pero justo estaba manejando, prometió volver a llamar pero por ahora no tuve más noticias suyas.

Sin embargo, no fue el único llamado que recibí ese día. ¿A qué no adivinan quién volvió a aparecer?

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Leo (final) y qué pasó mientras tanto

18 Noviembre 2009 · 29 comentarios

Un par de días después me encontré con Leo en el MSN. Me saludó enseguida y empezó a decirme lo bien que lo había pasado cuando nos vimos. ¿Ah, sí? Yo todavía sigo pensando qué te agarró ese día, pero bueno… Por supuesto, no le contesté eso. Le dije algo así como “yo también”, esperando a ver con qué seguía.

No sabía bien que me iba a decir, pero les aseguro que esto no era lo que esperaba:
Leo dice: ¿Y cómo estás ahora?
Amanda dice: ¿Cómo estoy? Ya te dije que bien…
Leo dice: No, no, ¿cómo estás vestida? ¿Tenés puesto algo sexy? ¿O nada? ;-)

No, pelotudo. Estoy chateando desde la cocina vestida con “por suerte, no vuelvo a salir de casa”, o sea una remera vieja y el pantalón del pijama. Pero lo que lamento es que el MSN, en lugar de tener ese estúpido zumbido, no tenga la opción de mandarte una descarga eléctrica. ¿Estás caliente y querés pajearte? ¡Aprovecha la conexión a internet para ir a pornotube y a mí dejame en paz! ¡Forro!

Pero, obviamente tampoco le contesté eso. Escribí rápidamente:

Amanda dice: disculpame, pero Sofía me está llamando en este momento. Chau.
Amanda aparece como desconectada. Los mensajes que le envíes le llegaran cuando inicie sesión. Enviar un mensaje de correo electrónico a este contacto en su lugar.

Afortunadamente, Leo no utilizó ninguna de las dos opciones. Y ese fue nuestro último contacto. Con eso había agotado la prácticamente inexistente agenda de los ex. Tenía que pensar urgentemente otras posibilidades. También había agotado la opción de pedirle a mis conocidos que me presentaran a alguien. En realidad, fue lo primero que se me ocurrió, pero solo había conseguido que me miraran con un poco de lástima. Tenía que haber algo en internet, un foro… algo… Me dirigí a San Google y él me condujo primero al sitio de Terra y luego a Match.com.

Y eso marcó el comienzo de todo. (Si llamamos “todo” a que me enganchara con el tema de las citas virtuales y con este blog, claro)

Pero ahora que terminé  de contarles mi primera historia como divorciada, les debo una actualización. En las óperas, mientras la soprano canta un aria, la acción se detiene. Pero estas convenciones artísticas  no se aplican en la vida real, que sigue transcurriendo. Así que les cuento las novedades.

Primero lo más díficil. Nos encontramos con Gustavo para despedirnos porque se va en unos días. Fue triste y no tengo ganas de escribir sobre eso. Pero ahora que ya se me pasó el enojo, solo me queda la tristeza.  Me duele lo que no pudo ser, pero ¿quién sabe? por ahí podramos vernos más adelante. De todos modos, no soy tan malvada como para desearle que le vaya mal y se tenga que volver de Arabia Saudita. En fin…

La otra novedad es más alegre. Estuve un fin de semana en Montevideo en la casa de Ceci y después de cuarenta y ocho horas seguidas de charla, llegamos a la conclusión de que me sentiría mejor si volviera a buscar en forma más activa. Eso tiene un nombre: Match.com, aunque también podría ir a algún evento de speed dating…

En la próxima les cuento mejor de qué hablamos.

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Después de veinte años, el encuentro

15 Noviembre 2009 · 32 comentarios

Al final no chateamos. Yo no solía usar el msn y al principio ni siquiera lo pude configurar.
Pero seguimos intecambiando mails cada vez más explícitos, que incluían referencias a sacarle la ropa a su asistente (yo) . Al comienzo estaba feliz y excitada pensando que mi estrategia estaba dando resultado, pero cuando pasaban los mails ( y hasta un llamado telefónico), sin que se mencionara la idea de vernos mi entusiasmo empezó a decaer.

Al final me harté y decidí definir la situación. Le escribí pidiéndole que me aclara algunas dudas sobre el trastorno F60.4 del DMS IV. Me imagino que a  la mayoría de ustedes esto no les dice nada. Yo misma tuve que googlearlo, no tenía idea del código con que la American Psychriatric Association clasificaba el trastono histriónico de la personalidad. Pero no tenía dudas de que Leo, como psiquiatra, iba a entender a primera vista que lo estaba tratando de histérico.

Y haya sido por eso o porque sí, apenas recibió el mail me llamó y arreglamos para vernos. Todavía me acuerdo cómo estaba esa tarde. Fui a trabajar con una vestimenta mixta, mezcla de lo que pensaba usar más tarde y podía usar en el consultorio con el guardapolvo, más un bolso enorme dónde además de lo que llevo habitualmente (la billetera, los documentos y la tarjeta, muchas llaves, lapiceras varias, el sello, café y edulcorante, crema para manos, perfume, una bolsita con un yoghurt y una Chocoarroz, algún/os libro/s y otras cositas que no vale la pena mencionar); había agregado:

  • un par de zapatos de taco alto.
  • su corresponiente cartera haciendo juego.
  • más opciones de vestuario.
  • otro perfume.
  • un estuche completo de maquillaje.
  • peines, cepillos, mousse y crema para peinar (tengo rulos, el frizz es el Enemigo Público Nº 1)
  • creo que nada más (probablemente me esté olvidando de algo)

Mis compañeras de trabajo estaban divertidísimas. Nunca me habían visto así. Laura y Viviana estuvieron dando consejos y diciéndome que estaba fabulosa, genial, increíble y demás muestras de apoyo moral. Así que cuando llegó la hora, salí para encontrarme con Leo ansiosa, bastante histérica, pero con la autoestima en high.

Llegué, lo vi, me vio. Afortunadamente no hubo sorpresas en ese momento, solo darnos cuenta de que ambos continuábamos siendo versiones reconcibles de nuestros yoes a los veinte años. Me acerqué a darle un beso y de alguna manera, me eludió. Fue incómodo y me quedé extrañada de que no quisiera darme el tipo de  beso con el que se saluda a un compañero de trabajo o un primo. Pero enseguida empezamos a charlar y el mal momento pasó.

La conversación fue entretenida, pero me parecía estar hablando con otra persona. Un padre de familia orgulloso que me mostraba fotos de sus hijas. Un colega que me hablaba de medicina. Un ex compañero que recordaba nuestra juventud. ¿Dónde estaba el Leo que me mandó esos mails insinuantes… y explícitos?

Seguía sin encontrarlo cuando, un par de horas después nos despedimos. Leo parecía haberse aferrado como un mantra a no mirar nada por debajo de mi cara y de usar a su familia como escudo. Mientras manejaba de vuelta a casa, tratada de reacomodarme a la nueva situación. De sexo, ni hablar. De romance, menos. ¿Podríamos ser amigos? ¿Me interesaba que fuéramos amigos?

Sí, no, no sé…

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