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Balance y renovación

El consultorio de mi psi sigue más o menos como lo recordaba. Las plantas de living, la radio puesta bajito en Amadeus y el sillón de siempre donde me desplomé al llegar.

– No puedo ver nada positivo en todo lo que hice -le estoy diciendo. Supongo que con el tiempo le voy a encontrar algo bueno, pero ahora siento que todo fue un error. Si antes de cada cita, en lugar de ir, me hubiera quedado en mi casa leyendo en pijama, hubiera sido mucho mejor.
– Claro, pero eso lo podés decir porque fuiste. Si te hubieras quedado en tu casa, te estarías diciendo: Sigo acá sola… nunca me animé a hacer algo…
– Sí, y además me estaría reprochando que estoy sola porque no hice el intento. Incluso pensaría que si lo hubiera hecho, ya estaría saliendo con alguien. Lo cual obviamente no es cierto :-(, pero ¿cómo iba a saberlo antes de pasarlo? En fin, el tema es que después de un año de estar buscando tuve una sola relación, la de Pablo. También conocí a  Gustavo y a Jorge, pero llegué a salir tan poco que casi no cuentan. ¿Ya te había hablado de Pablo?
– Creo que no.

– No sé bien por dónde empezar. Pablo fue el primero que conocí en Match. ¡Me dio una idea muy equivocada del tema de las citas! :-). Nos encontramos y no sé si existe el amor a primera vista, pero sí la atracción inmediata. Fue increíble, nos vimos ese día, al siguiente y al otro. A mí me mata la gente inteligente y Pablo es brillante. Además venía de terminar su doctorado y de enseñar en una universidad en Londres. Todo él me resultaba fascinante.

– Pero lo mejor de todo era el sexo. Yo no lo podía creer. Vos te acordás de todos los problemas que tuve con Javier en la cama. Años de tortura, de sentirme la más desgraciada, la más frígida, la que nunca tenía ganas. Hice terapia, consulté a un sexólogo mediático y nadie me dijo lo obvio. Si no soportás a tu marido, ¿cómo vas a tener ganas de irte con él a la cama?. Pero con Pablo, el sexo era genial. Él estaba fascinado conmigo y yo no podía verlo sin estar tocarlo todo el tiempo. Hasta cuando estaba cocinando… era un peligro eso 😛

– Aunque Pablo tiene cosas raras… Él dice que es autista o qué sé yo, pero es cierto que tiene problemas para relacionarse con la gente. Le cuesta interpretar los sentimientos de los demás y es un obse insoportable. Una de las cosas que me causaban gracia era que estaba preocupadísimo en saber si lo nuestro era solo sexo. Yo le decía: Y bueno,  ya con el tiempo nos vamos a enterar, ¿no? 😉 Pero él insistía, incluso quería que lo hiciéramos menos para ver que pasaba. Yo le decía sí, sí (como a los locos), pero después siempre terminábamos en la cama. Como te dije, es raro, pero yo me lo tomaba como que realmente quería algo serio conmigo y como es tan obse tenía que saberlo ya.

– También me invitó a que lo acompañara a un congreso que tenía en USA al año siguiente, así que yo creo que tenía un proyecto conmigo. Pero no pudo ser. Después empezaron a aflorar todas sus dificultades de relación. Qué sé yo… por momentos estaba divino, después no me daba bola. A veces me contestaba, otras no.

– Y al final, un sábado a la noche (no sé qué carajo le pasaba), pero cuando llegué a su departamento, estaba de pésimo humor y se la agarró conmigo. Nunca lo había visto así y no me quedé para ver si había continuación. Ni  mi ex me trató así en tantos años de llevarnos mal. Obviamente que lo que no había aguantado de mi marido y padre de mis hijas,  no lo iba a soportar de un tipo con el que estaba saliendo. Así que agarré el bolsito que guardaba en su casa con mis cosas y me fui sabiendo que se  había acabado.

– Claro que después me arrepentí de haber cortado completamente. No me banco el maltrato y no quería que volviéramos a estar juntos, pero el sexo era tan increíble que pensé en vernos como amigos con derechos. Ahí empezaron un montón de vueltas. Pablo no quería, después quiso, pero cómo y cuándo a él se le ocurriera. Me llama cuando él quiere (que es de tanto en tanto) y siempre es para verme ya o al día siguiente. Me embola que crea que estoy a su disposición.

– Pero, como te dije antes, para mí el balance de la relación es positivo. No funcionó porque no funcionó, pero creo que en algún momento nos quisimos e hicimos el intento de poder estar juntos. Además, last but not least, fue mi primer hombre después de tantos años de casada. Y me fue más que bien ;-). Para mí fue genial darme cuenta de que mis problemas con el sexo no eran míos, sino de la mala relación que tenía con mi ex.

– Otra cosas que valoro es que cuando terminamos yo estaba segura que lo iba a encontrar enseguida en Match. En su momento me dijo que nuestra ruptura lo había dejado pensando, que reconocía que tenía problemas y que a partir de ahí prefería estar solo. Yo pensé que era un verso, pero hasta donde yo sé, así fue. Nunca más lo ví en Match, ni en Zonacitas y las pocas veces que nos vimos después, fueron sábados a la noche en su departamente. Realmente no lo esperaba, hasta creo que llegué a comentarle que me parecía un paso adelante que pudiera tomarse un tiempo solo, para pensar y resolver sus problemas. Eso, comparado con la mayoría de los tipos que o jugan a varias puntas o apenas terminan una relación, ya están buscando otra, me pareció maduro de su parte.

– Lo que me pasa, es que como estamos ahora, es complicarme la vida el pedo. Al final, termino pendiente de él, si me llama, si no me llama. Además Pablo es siempre Pablo, aparece, desaparece, te dice que te quiere ver y después que no puede por el trabajo. Demasiados problemas por un polvo cada uno o dos meses.

-Entonces, una de los temas que tengo pendiente en este momento es terminar con Pablo para siempre. Por supuesto que no se merece que le escriba un mail explicándole mis sentimientos, bla, bla, bla. Lo voy a hacer a su estilo.

– Nunca más le voy a contestar.

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La pregunta

Durante el fin de semana me sigue rondando la pregunta de Claudio. ¿Para qué quiero tener pareja? ¿Es fundamental, es deseable, es opcional, es un accesorio agradable? En ese momento la pregunta me enojó mucho y mi primer impulso había sido responder ¡Hay cosas que son obvias! Pero de repente, me doy cuenta de que quizás no sea tan obvio que todos tengamos que andar de a dos. Y de algo más sorprendente: nunca consideré la idea de que podía estar sin un hombre al lado.

A ver si me explico mejor. Mientras estuve en la secundaria los hombres no me interesaban. Después algo cambió y a los dieciocho años me puse de novia con Sergio.  Salimos un año. Cuando nos peleamos, Javier, que era un amigo en común, me llamó y estuvimos cinco años de novios. Nos casamos hasta que, al décimo noveno año, nuestro matrimonio terminó.

Recién ahora me estoy dando cuenta de que siempre asumí que a una pareja le seguía otra. Lo más divertido es que si alguien me hubiera preguntado si una mujer puede vivir una existencia plena sin un hombre al lado, yo hubiera respondido: ¡Por supuesto! ¡…la independencia… la realización personal… el sentido de la propia vida! Y un montón de expresiones políticamente correctas que flotan en el ambiente y que una repite sin aplicarlas necesariamente a su vida.

Empiezo a ver que siempre creí que estar sola era una situación pasajera, un momento de transición hasta que volviera a estar con alguien. ¿Y si no? Quizás no sea una circunstancia, sino una situación en sí y yo esté actuando como el que se muda a otro país, pero una vez allí no se preocupa por  aprender el idioma y se la pasa comparando y añorando lo que pasó. Esa es una de las tantas recetas para la infelicidad.

Todavía no sé muy bien qué voy a hacer de aquí en más, pero hay dos cosas que ya decidí encarar. La primera es llamar a mi psicóloga. Tengo varias cosas para pensar y seguramente me va a ayudar hacerlo en terapia. De paso, probablemente me esté tocando una especie de mantenimiento de los 45000 km o algo así 🙂

La segunda es que tengo un tema pendiente con Pablo.

Y ya es hora de resolverlo.

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Las reglas del juego

Al final me encuentro con Claudio, el del speed dating. No tengo muchas ganas de verlo, pero voy un poco por inercia y otro por esa creencia supersticiosa de ¿y si justo decido no verlo y era ÉL?

Salvo que Claudio sea EL AMOR DE MI VIDA (y es poco probable que eso suceda), sigo pensando en cómo seguir. No tengo ninguna duda de que necesito unas vacaci0nes. O quizás tendría que asumir que esto no va y dejarlo definitivamente. Lo que me frena es  desde que me divorcié hace dos años, no me crucé con ningún candidato en la  “vida real”.

Y no es porque me haya quedado en casa. Subida a la ola post divorcio, retomé inglés, hice talleres de fotografía, de lenguaje cinematográfico, me hice asidua del gimnasio, fui a cine debates, a cafés filosóficos y literarios. Por suerte, todo lo hice por puro placer porque si  mi motivación hubiera sido levantarme a alguien, me hubiera sentido muy desilusionada con los resultados.

Tampoco digo que no pueda suceder. Conozco historias insólitas, el típico le pasó a una amiga, de quien conoció a su pareja actual en Buquebús o en la cola del banco. Pero sería aceptar que es algo que se puede dar ahora, en unos años o nunca más y me sigue rondando la pregunta de Ceci sobre si puedo dejar de buscar y sentirme bien.

Volviendo al tema de  la cita,  resulta ser como tantas otras. Al rato de encontrarnos queda claro que no es el amor de mi vida, pero de mi parte da para conocernos mejor. El problema es que me parece que no le gusto. Incluso, creo adivinar qué es lo que le molesta de mí. Supongo que me ve demasiado autosuficiente, demasiado ocupada, un poco avasallante. Me pregunta qué hago , cómo y cuándo. Me dice: ¡Pero sos una mujer multitareas! y por el tono no es un elogio.

Un poco después me pregunta: ¿Pero vos para qué querés estar en pareja? Entiendo que yo no sea lo que busca, pero me enoja que me cuestione.
Siento que tengo mucho para compartir -replico. No quiero convivir ni estar pegoteada, pero sí me gustaría contar con alguien en mi vida. Podría darle más motivos, pero no creo que merezca tantas explicaciones. Volvemos a un tema menos conflictivo (blogs vs foros) y mientras comparamos la verticalidad de los blogs versus la horizontalidad de los foros, puedo ver que Claudio se desconecta de la charla, llama al mozo y pide la cuenta. Es fácil darse cuenta de que ya tomó su decisión y que no le intereso. Sin embargo, toma conciencia de que está siendo muy descortés y trata de arreglarlo preguntándome quiero tomar algo más. No, gracias -le contesto. No creo que haya otra respuesta.

Paga los cafés que tomamos, vamos hacia la puerta y salimos. Claudio se despide con un chau, chau (nada de te acompaño al auto, nada de nada) y se aleja rápidamente. Me quedo parada en la calle tratando de asimilar lo que pasó en los últimos minutos. Nada nuevo. Fui evaluada y rechazada. Una vez descartada, ¿para qué quedarse un minuto más de lo necesario? Me siento mal, pero esas son las reglas del juego. No las puedo cambiar, pero no tengo ninguna obligación de seguir participando.

Basta. Esta fue mi última cita.

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¿Y ahora qué hago?

Ceci dice: Hola, ¿cómo andás?
Amanda dice: Bueno, sigo ofendida con el ingeniero que me rebotó en ocho minutos (bueno, en dieciséis :-))
Ceci dice: No le des más vueltas. Ya sabés cómo es esto. Se guían por la primerísima impresión, total hay diez mil más…
Amanda dice: En realidad,  sé que se me va a pasar en un par de días. Estuve pensando en otra cosa que me preocupa…
Ceci dice: ¿En qué?
Amanda dice: Me estoy dando cuenta de que para encontrar hay que buscar mucho, muchísimo. Yo me lo tomaba como un tema aritmético. O sea, dadas las suficientes posibilidades de conocer hombres, alguna vez se tenía que dar.  Pero ahora no estoy tan segura…
Ceci dice: Tengo la sensación de que te parece que te fue muy mal en Match…
Amanda dice: Es más que una sensación… 😦
Ceci dice: pero en  realidad y aunque te parezca increíble, me parece que has tenido contacto con pocas personas.
Amanda dice: No sé. Puede ser, si lo ves desde el punto de vista estadístico.  Pero no tuve en cuenta el desgaste de no llegar a nada. Encontrarme con un tipo tras otro solo por salir, me estresa y me aburre.  Si no conduce a algo, se me ocurren muchas mejores maneras de ocupar mi tiempo.
Ceci dice: Es cierto. Si te cerrás, si ya te embola hablar con ellos, no sirve que conozcas otros…
Amanda dice: Cada vez voy con menos ganas y la verdad es las citas no me divierten tanto como para que sean un fin en sí mismo. Siento que le estoy dedicando demasiado tiempo y demasiada energía a correr detrás de algo que puede no pasar nunca.
Ceci dice: Pero, ¿hay otro camino? Yo miro para atrás y recuerdo lo mal que la pasé mientras buscaba. Ya perdí la cuenta de la cantidad de citas que tuve antes de conocerlo a Juan, pero seguro que anduve cerca de las cien.
Ceci dice: El otro día revisando mails viejos encontré mis cuentas de Match. Tuve dos y en cada una tengo más de doscientos correos enviados. Pero al final, llega.
Amanda dice: No sé si me va a dar la paciencia :-P. Ahora me queda encontrarme con Claudio, el gordito del speed dating. La verdad es que no tengo muchas ganas de verlo, pero bueno. Estoy como en el cuento del gato*
Ceci dice: Jaja, en ese caso mejor que te tomes un tiempito de vacaciones, después vas a volver con más ganas.
Amanda dice: ¿Te parece?
Ceci dice: Claro, porque creo que la pregunta es ¿podés renunciar a buscar y sentirte bien? Yo no podía.
Amanda dice: Creo que no… no sé…tendría que pensarlo.

*Resulta que a un tipo se le pincha una rueda en la ruta. Abre el baúl y ve que no tiene gato hidráulico para levantar el coche.
A lo lejos ve una casa y se dirige hacia allá para pedirle que le presten uno.
Cruza un pajonal y piensa “claro, pero para el dueño de la casa,  soy un desconocido que le pide un gato, le va a dar desconfianza…”
Atraviesa una charca y mientras se empapa los zapatos sigue pensando “y encima tengo el auto lejos, también va a pensar que después que cambie la cubierta no me voy a hacer todo este camino de nuevo para devolverle el gato…”
Se enreda en una alambrada de púas y cada vez más nervioso: “y encima capaz que es un tipo de mal carácter y me recibe con malos modos”, pisa bosta de vaca “y quién sabe si no tiene una escopeta y me saca corriendo a tiros”. Atraviesa matas de plantas espinosas, lo pica una serpiente “egoísta de mierda, en este país nadie tiene un poco de solidaridad, estoy varado en esta ruta, sin gato y este tipo…”. Lo reciben (y muerden) los perros de la casa, arañado, mojado, picado, transpirado, con la ropa a jirones y oliendo a mierda de vaca, toca el timbre, sale un buen hombre que le dice: “¿Qué desea mi amigo?” y el tipo le contesta: “¡METÉTE EL GATO EN EL CULO!”

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Coincidencias

Las coincidencias del speed dating tardaron cuarenta y ocho horas en estar disponibles. Esta vez la espera se me hizo interminable. Sentía que me había ido muy bien y estaba impaciente por ver los resultados. Quería ver si podía arreglar una cita con el ingeniero de la última cita. Además, ¿el cirujano plástico también me habría dado el Ok?

Depués de prácticamente vivir online, por fin me llega el mail notificándome que ya aparecieron. Me conecto para ver la página y … Dios, qué nervios… acá están.

Cita nº1: el que me preguntó cómo te das cuenta si le gustaste al otro.
Yo puse : 
Él puso: 
Esta es la mejor demostración práctica de lo que hablamos. No me di cuenta de que no le había gustado. Igual no me había interesado demasiado, así que no importa.

Cita nº 2: el gordito de linda voz.
Yo puse :
Él puso :
La verdad es que no me acuerdo casi nada de él, pero ¡bien por mi primera coincidencia! Me aparece el mail del caballero y la opción de confirmar si le quiero dar el mío.

Cita nº 3: el aburrido.
Yo puse:
Él puso :
Vaya uno a saber porqué.

Cita nº4: mi colega, el cirujano plástico.
Yo puse:
Él puso:
Noooo, me rebotó. Pero si parecía tan interesado… hasta hablamos en el intervalo. Ahora que lo pienso, yo fui la que le hablé en el break. Y pensar que me sentía tan orgullosa por haberme animado y no haberme quedado esperando a “dejarme encontrar”. Bueno, ya está.

Cita nº 5: el arquitecto faraónico.
Yo puse :
Él puso :
Me parece que a éste le puse amistad medio por ponerle. No sé si me interesa volver a verlo. Pero bueno, es otra coincidencia.

Cita nº6: el profe de educación física.
Yo puse:
Él puso:
Tampoco me sorprende demasiado. No sé si teníamos demasiado para hablar.

Cita nº 7: el rubio soporífero.
Yo puse:
Él puso :
Parece que el sopor no fue mutuo…

Cita nº 8: el crítico de cine que me elogió tanto.
Yo puse:
Él puso:
No es la primera vez que me pasa y sigo sin entenderlo. Cuando nos despedimos, ya me habías bajado el pulgar. En un par de días iba a saber, sin ninguna duda, que no te gusté. ¿Era necesario mentirme diciéndome que soy maravillosa? ¿No alcanzaba con despedirse con educación y listo? ¿Para qué ese intento de “quedar bien”? ¿Porqué es gratuito y total cuando me entere ibas a estar muy lejos?

Cita nº 9: el enojado.
Yo puse:
Él puso:
Coincidencia absoluta. Si él sintió una mímima parte de los instintos asesinos que provocó en mí, mejor que no nos volvamos a cruzar.

Cita nº 10: el ingeniero que me había encantado.
Yo puse:
Él puso:
No puede ser. No quiere volver a verme. No le interesé ni para pasarme el mail. Lo peor es que no sé que me duele más, si saber que desapareció para siempre o pensar que mientras yo le hablaba y creía que estábamos pasándola tan bien, él estaba deseando terminar de una vez.

Creí que me había ido tan bien… Recién ahora me doy cuenta lo importante que es la pregunta que me plantearon el de la primera cita.

¿Cómo te das cuenta si le gustaste a alguien?

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La reina de la noche

A diferencia de la primera vez, esta reunión de speed dating no se hace en el restaurant afrodisíaco (según su publicidad) Te mataré Ramírez, sino en un bar del microcentro mucho menos motivante.  Sin embargo, siento que esta noche es LA noche. La primera vez estaba aterrada. Hoy voy dispuesta a desplegar todo mi encanto. Me siento la reina de la noche.

Para que mis lectores de la primera hora no sientan un dejá vu, los que quieran leer cómo funciona un speed dating lo pueden hacer acá.

Esta vez pensaba hacer una entrada triunfal o por lo menos digna. Tampoco era un gran desafío. Era difícil hacerlo peor que la primera vez, cuando al entrar al salón me tropecé con una tarima y caí despatarrada al piso. Si bien nadie se da vuelta para mirarme ni oigo ningún ahh de admiración a mi paso, me siento feliz enfundada en unos jeans con apliques de terciopelo, mostacillas y delirios varios que me encanta. Avanzo hacia la mesa de recepción decidida a divertirme y pasar una buena noche.

Me entregan el Survival Kit de un speed dating. La credencial con el nick: AmyMarch, una lapicera con el logo de la empresa y la Date Card para ir anotando las impresiones sobre los candidatos. Suena muy empresarial, pero es imprescindible porque después del tercero ya no te acordás nada. A las reincidentes nos ahorran la charla motivacional en la cual te explican cómo funciona el sistema y te exhortan a NO CERRAR PUERTAS.

Mientras tanto, me quedo charlando con una chica de la reunión de los más jóvenes. Me cuenta que es su primera salida desde que la dejó el novio. Justo cuando empieza con los detalles truculentos de la separación, nos llaman para que nos acomodemos en las mesas numeradas.

Me acomodo en actitud de diosa total y recibo a el candidato número uno.

Cita nº 1: Se acerca, me saluda, besito. Se sienta del otro lado de la mesa y arrancamos con la previa burocrática. Copiamos en la Date Card el nick y el número del otro (abajo del nick va un número de referencia que también hay que anotar. No sé si después servirá para un reclamo…). Toda esta rutina se repite con cada una de las citas, pero voy a ser bondadosa con ustedes y se los cuento una sola vez.

Una vez terminado el trámite, ¿de qué podemos hablar dos perfectos desconocidos? Luego de intercambiar algunas banalidades, el caballero me pregunta ¿cómo saber si le gustaste al otro? Porque en general, todo el mundo es amable, pero después te encontrás con sorpresas.

Le digo que en una cita larga, de una hora, te podés dar cuenta, pero en ocho minutos es casi imposible. Él coincide.

Suena la campana y se va. No sé si lo quiero volver a ver. Por las dudas pongo

Cita nº 2: Muy linda voz, lindos ojos azules, unos cuantos kilos de más. No la paso mal, pero ya no me acuerdo nada de lo que hablamos. Ya sé que prometí un reporte completo, pero acá me van a tener que disculpar. Piensen lo que es hablar en una hora y media con diez desconocidos. Mi memoria no da para tanto. Otro

Cita nº 3: Cara de aburrido,voz de aburrido, cero onda. Obviamente

Cita nº 4: Colega de profesión (médico), pero no de especialidad (él cirujano plástico, interesante ¿no?, yo ginecóloga). Como dicen los avisos “excelente presencia”. Aunque me imagino que debe ser difícil venderte como cirujano plástico si estás hecho mierda. Como si esto fuera poco, divertido. Quiero verlo otra vez. 

Cita nº 5: El nick de mi nueva cita es Faraón. Le pregunto porqué lo eligió y me dice que por las pirámides, porque es arquitecto. Terminamos hablando sobre si construir una pirámide es realmente difícil. Muy flaquito, físicamente nada interesante. Igual le pongo un

Cita nº 6: El que sigue es un profesor de educación física unos años menor que yo. Simpático, ya no me acuerdo mucho de la charla. Creo que le mencioné que había competido en gimnasia cuando era (mucho más) joven. Marqué 

Cita nº 7: Rubio, ojos celestes, cara de eslavo. Soporífero, también. De alguna manera pasaron los ocho minutos. Sin dudarlo

Cita nº 8: El caballero cuyo nick es Groucho, dice ser crítico de cine, por lo cual el tema de la charla está cantado. La paso bien. Cuando se despide me dice que fue un placer hablar conmigo, que soy intersante y divertida. Bueno… gracias.

Cita nº 9: No soy ninguna experta en speed dating, pero esto nunca me había pasado. Señor que se sienta con cara cúlica y se limita a mirarme. Trato de sacar charla. Si por mi fuera le daría el NEXT ya mismo, pero todavía tenemos que pasar ocho minutos cara a cara. Me empiezo a desesperar porque a cada pregunta que le hago para rellenar, me contesta enojado y con un monosílabo. Dios, parece que lo hubiera sentado contra su voluntad para venderle un tiempo compartido. Me voy enojando. Tengo ganas de decirle: ¿No te gusto? ¡A mí tampoco me gustás! Por lo menos ayudá un poco. Por fin llega la campana salvadora y se va. Le pongo (indiferencia) porque no hay una carita para te odio y espero que nunca nos volvamos a cruzar.

Cita nº 10: Por no sé qué problema organizativo esta cita no dura ocho minutos, sino dieciséis. Me alegro, me encanta el ingeniero que me toca en suerte. Nos reímos un montón. Entre otras cosas, comparamos profesiones. Le digo que para ser ginecóloga hay que escribir con una letra incomprensible y decir que todo es normal. Él me dice que para ser ingeniero, hay que poner cara de circunstancias, fruncir el ceño y decir que hicieron todo mal. Hasta vive cerca de mi casa. Genial. La distancia no va a ser un problema para vernos.

Después de las citas, algunos se quedan para tomar algo y charlar, pero por una noche tuve suficiente. Ya es tarde y mañana empiezo el consultorio a las ocho.

Ahora, a esperar las coincidencias.

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Haciendo la previa

Hola, Diego:
Te quería agradecer la invitación de ayer. El lugar es precioso y la pasé muy bien, pero creo que te veo más como un amigo.
No sé si es lo que buscás en mí, pero te ofrezco mi amistad sinceramente.
Un beso de Amanda

Hola, Amanda:
Podés contar con mi amistad.
Te agradezco tu sinceridad y espero que encuentres lo buscás.
Te mando un beso.
Diego

Quizás no era necesario abusar de tal manera de las palabras sinceridad y amistad, pero ya está. Queda claro que nunca más nos vamos a ver, así que doy el tema por terminado.

Hablando de abusos verbales, me niego a usar la palabra deprimida, pero últimamente me siento un poco bajoneada. Fundamentalmente porque me doy cuenta de que encontrar lo que yo quiero es mucho más difícil de lo que pensaba. Tampoco necesito un padre para mis hijas, alguien que me mantenga ni creo que no valgo nada si no estoy al lado de un hombre. Al fin y al cabo para estar con un hombre que no me interesa, hubiera seguido casada… Así que sigo apuntando a alguien que realmente me guste… y al que yo le interese.

Además este tema de las citas termina pareciéndose a una búsqueda laboral :-(. Voy a un montón de entrevistas, me preparo para cada una de ellas, pero cada vez con menos expectativas porque la mayoría son una pérdida de tiempo. En los lugares que te gustan y ofrecen buenas condiciones, te dicen que te van a llamar (y no te llaman) o no te dicen nada (y ya sabés desde el principio que no te van a llamar). Los que están interesados en vos, te ofrecen condiciones inaceptables.  Sigo buscando…

Me consuelo con la idea de que la reunión de speed dating puede optimizar mi búsqueda (hoy estoy decididamente marketinera :-)) Además, me aburre mucho chatear y así me ahorro varias sesiones de MSN. También posibilita que me encuentre con gente a la que hubiera eliminado a la segunda frase, pero bue… son solo ocho minutos. A pesar de estar tan negativa últimamente, desde que me confirmaron para la reunión de mañana tengo ganas de ir y hacer un nuevo intento. La primera vez que fui estaba tan en pánico que la pasé horrible.

Y a pesar de todo me fue bien. Claro que con bien no me refiero que terminé saliendo con alguien 😦 Pero conseguí tener cuatro coincidencias: con Martín salí varias veces, vi una vez a Juan Carlos, el contador lo vi una vez más. Me quedó otro que no llegué a ver (cuando decidí que lo de Martín no iba, ya me había pasado demasiado tiempo). Hasta hubo un cuarto que me escribió una semana después y que no me interesaba.

Por una noche no está nada mal. Además, estoy segura que mañana voy a ir mucho más relajada y me va a ir mejor aún. Mientras sueño con lo divertida, chispeante y ocurrente que voy a estar, veo que llega un mail de Pablo.  Ah… no le estaba fallando el detector de “Amanda suelta”. Solo se le activó un poco tarde.

Hola, Amanda:
¿Querés /podés venir a cenar esta noche?
Un beso
Pablo

Disculpame, Pablito ¿Vos te creés que no tengo nada que hacer? ¿Te pensás que cada vez que me llames voy a dejar todo para atravesar media ciudad para verte? No querido, todavía tengo que hacer la cena y ver que más le pidieron a Sofía en la escuela. Además, ¿sería mucha molestia que me invites unos días antes y para un fin de semana?

Hola, Pablo:
No se invita a una madre de familia con tan poca anticipación 🙂
Otra vez será.
Un beso
Amanda

Me siento orgullosa de mí misma.