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Pablo me vuelve loca


Curiosidad: Impulso humano  que oscila entre lo grosero y lo sublime.
Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.

José María Eça de Queirós

Mañana tranquila en el consultorio. La lluvia, seguramente. Estaba tomando un café cuando suena el celular. Miro el identificador, pero aparece un número que no reconozco.
– Hola.
– ¿La Dra. Amanda Stein?
– Ella habla, ¿quién es?
– La llamo por una consulta profesional, habla el Dr. Pablo C.

¡Pablo! Hacía meses que no hablábamos, más exactamente desde que rechazó mi propuesta de vernos como amigos con derechos. Evidentemente en uno de mis ataques de furia, lo había borrado de la agenda del celular. No podía creer que me hubiera vuelto a llamar. De paso, no pude dejar de notar que seguía sin perder ocasión de lucir su doctorado. El Ph. D.  Business Administration que había hecho en Canadá, parecía ser el punto culminante de su vida. Pero me fui del tema, mientras tanto Pablo me estaba diciendo:

– Estuve pensando en vos y quería verte. ¿Por qué no nos encontramos hoy a almorzar?
– ¿Hoy mismo? Déjame pensar…
– Es que después se me complica.

Pienso: si salgo del consultorio a las once llego como para pasar primero por casa, cambiarme… Por un lado me da mucha bronca que aparezca así, como si nada hubiera pasado y que encima me apure. Pero, también es cierto que me quedé con ganas de verlo una vez más y quiero saber que quiere después de tanto tiempo. Le digo que sí y arreglamos para encontarnos cerca de su casa (algo le pasaba a su auto), en un restaurant peruano en Belgrano.

Antes de salir, pienso que si Pablo cree que puede llamarme cuando se le ocurre para tener sexo, está muy equivocado. Yo me voy a encontrar con él para comer y hablar. Punto. Me pongo un vestido que me queda bien, pero es más formal que sexy. A la tarde tengo una clase individual de inglés. Me aseguro de no tener forma de comunicarme con mi profesora de modo que el almuerzo no pueda durar más de un par de horas. Tiempo suficiente para enterarme de qué es lo que quiere Pablo y irme.

Lo veo y me sigue gustando. Me sonríe. Lo besé en la mejilla con un besito de ahora-somos-solo-amigos y nos sentamos a comer. Le conté de mi viaje a Montevideo (la parte turística, no lo que hablamos con Ceci) y del curso de fotografía que estoy haciendo. Pablo me contó sobre su trabajo en la prestigiosa universidad privada donde es profesor de la maestría, sus eternas peleas con su ex y sus proyectos para las vacaciones con sus hijos. Hacia el fin del almuerzo, le dije:

– ¿Viste que podemos encontrarnos a charlar y nada más? No soy tan peligrosa…
– Eso porque estamos separados por una mesa…
– Ay, Pablo -me río- vení que te muestro las fotos del viaje.

Pablo se pasó de mi lado, busqué las fotos en la netbook y empecé a decirle “este es el Teatro Solís”, “esta es la Ciudad Vieja” mientras Pablo se acercaba más y empezaba a besarme el cuello. Le dije “¡Ay Pablo, no seas molesto!”, pero evidentemente no soné demasiado convencida porque pasó del cuello a la boca y de ahí a acariciarme.

– ¿Vamos a mi departamento?

Y sí, sería una buena idea para no seguir dando un espectáculo público en medio del restaurant. Pero había un problema y no era que estaba haciendo lo que me había prometido no hacer. Según lo veía en ese momento, el tema era que mi profesora de inglés me esperaba en un rato y no tenía manera de comunicarme con ella. Sin embargo, después de unos minutos de lucha interior, decidí que ya que lo iba a pagar la clase era muy descortés dejarla esperando, pero tampoco tan grave…

Así fue como terminamos en el departamento de Pablo. O más bien en su cama, donde pasamos una tarde gloriosa. Quisiera saber porqué eso nos sale tan bien y el resto tan mal. Pasada la urgencia inicial, pude darme cuenta de que no solo había agregado una cama al colchón que conocí, sino que también ya le habían entregado el sofá que habíamos elegido juntos . Antes de irme me subí al sofá simulando en broma poses sexuales dignas del Kama Sutra y le sugerí usarlo en el próximo encuentro.

Me acompañó al auto y nos despedimos. Mientras volvía a mi casa, no tenía muy en claro en que situación habíamos quedado. Como pareja no funcionábamos ni Pablo había propuesto volver. Pero suponía que nos íbamos a ver con cierta frecuencia para tener sexo y quizás fuera la mejor opción.

Cuando llegué a casa, aproveché el trípode que me había comprado para el curso y me saqué algunas fotos eróticas. Por supuesto, me cuidé de que no se me pudiera identificar en las fotos. Todavía conservaba algún rasgo de lucidez…

Las mandé y me quedé esperando la respuesta de Pablo.

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21 comentarios el “Pablo me vuelve loca

  1. sos mala, porque esto es un flashback para vos, lo estás contando retrasado…ya sabés cómo evoluciona y nos mantenés en vilo jajajajajajj
    me voy a leer la historia de pablo ahora, pero parece que hay mucha piel y está bueno, no?
    y qué coraje tomarte fotos eróticas! está buenísimo, pero me daría una vergüenza…además de no entender mucho la logísitica de sacar las fotos con el trípode y encima calcular que no se vea la cara! es dificilísimo!
    el sábado estuve en el Solís viendo Macbeth!
    besote, buenísimo el post!

    • Con Pablo tenemos mucha piel, pero también MUCHOS problemas…

      Desde que se inventó la función “recortar” en las fotos digitales, solo es cuestión de hacer el corte a la altura justa 😉

      Besos.

  2. Y si, esas cosas pasan, la determinación y el buen propósito dura lo que un suspiro, y quedan en eso: un buen propósito y nada mas…. jajaja . … somos humanas, despues de todo!
    Asi que don’t worry.
    Le mandaste las fotos….que momento.
    un beso

  3. Me conmueve ver que cuando decidís algo lo cumplís a ultranza, que entereza, que principios… JAJAJA, no te preocupes… mas vale pasarla bomba hoy que arrepentirnos luego.
    Ademas quien te quita lo bailado que por lo que contás debe haber sido un buen “baile”.
    Y estoy de acuerdo con LA, no vale vos ya te sabés el final….no nos dejes esperando!

  4. Jaaaaa!!! Yo tenía una psicóloga, muy divina, que siempre decía: “pi.a. parada, no cree en Dios!
    Saludos!!!

  5. El tema pasa justamente por ahí, en como te sentís después. Si uno se siente bien, despues de una “alegría” fue justamente eso y no otra cosa. Asi es como funcionan las amistades con derecho a roce. A gozarlo mientras dure!. Besos

  6. Me encanta la fotografía

    saludos

  7. Excelente encuentro!
    Es claro que no todos los días aparece alguien que te atraiga. Entonces una vez que sucede tenés que aprovechar, si tenés ganas, y si te hace bien. Es muy reconfortante 🙂
    Beso
    Lady Baires

  8. 10 puntos por las fotos. Fue una buena idea.

  9. evidentemente, mi cerebro funciona de a ratos y mal, porque no entendí que la cuestión no era el enfoque justo sino el retoque justo jajaja y eso que yo retoco fotos en pila pero ta, no se me iluminó la mente a la hora de comentar el post jajajjajjjjajajaj ahora la logística me resulta inmensamente más fácil

  10. Los hay con suerte y, además, seguros de salirse con la suya. Anyway, me alegro de que lo disfrutaras y espero que no sea un motivo de agobios psicológicos. Tengo curiosidad si son posibles los “amigos con derecho a roce”. Un beso.

  11. ahhh pero que hotttt!!! jajaja

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