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A oscuras (2º parte)


El lunes a la noche empezó a llover. Juli, Sofía y yo ya habíamos terminado de cenar, cuando la lluvia se transformó en tormenta. No nos preocupamos demasiado. Al contrario, nos gusta ver llover y Caballito, mi barrio, no es una zona que se inunde. Marta, nuestra hada doméstica, se había ido de vacaciones. El viernes me había dejado comida para frizar, pero recién el lunes a la noche me había puesto a hacerlo, mientras me reprochaba no haberme ocupado antes.  De todos modos, era para comer en la semana, así que suponía que iba a aguantar sin problemas. Cuando las luces empezaron a titilar, ya había preparado y puesto en la heladera el almuerzo del día siguiente para las chicas y la ropa estaba girando en la secadora.

Estaba en mi dormitorio cuando se cortó la luz. Prendí algunas velas y maldije haberme quedado sin luz justo cuando tenía que preparar todo para el día siguiente.  Ahora que están de vacaciones, las chicas se acuestan mucho más tarde que yo (y se levantan MUCHO más tarde). Mi netbook tenía la batería completa, así que se la di a Sofi con la conexión móvil de internet.

Juli se quedó un rato conmigo jugando con su IPod touch y diciéndome que vivíamos en el siglo XIX punto 5. Que nos alumbrábamos con velas, pero que al mismo tiempo teníamos celulares, netbook y conexión a internet. Hice lo indispensable (lavarme los dientes y sacarme los lentes de contacto) y me fui a dormir. Al día siguiente, con luz, prepararía el resto. Me acosté odiando el momento en que, seguramente, a las dos de la mañana y en lo mejor de mi sueño, la luces se iban a prender de golpe. Ni sabía cuáles habían quedado encendidas.

Dormí mal esperando que volviera la luz, pero a las 6.30 cuando sonó el despertador, todo seguía a oscuras. Puse una vela en el baño, no me maquillé y calenté la leche en un jarrito. No hice tostadas. No iba a prender el horno para eso. Salí para el trabajo y a medida que iba yendo para Barrio Norte, me daba cuenta de que el área del apagón era mucho mayor de lo que había pensando. Los semáforos no funcionaban y eso complicaba bastante el tránsito. Pero, a esa hora todavía no era caótico.

Pasé la mañana en el consultorio. En Santa Fe y Agüero, había luz, así que cargué la netbook y tuve el idea primermundista de consultar la página de EDESUR para ver si en que tiempo estimaban que iban a volver a dar luz. En la pestaña Últimas noticias, figuraba el último comunicado de prensa… de agosto de 2009. Supongo que era mucho esperar que dieran alguna informacióm :-(. De paso, aproveché para contestar algunos comentarios.  Al mediodía volví convencida de que iba a ser recibida por el ronroneo de la heladera, del freezer, de la secadora, de las computadoras, pero las últimas cuadras antes de llegar anticiparon la dura verdad. La única luz que iluminaba mi casa era la del sol.

Almorcé algo que saqué de la heladera (cada vez me daba más miedo abrirla) Juli me informó que se había conectado con su celular y que decían que a las 17 iban a restablecer el suministro total de energía. Me alegró escuchar eso. No solo por lo obvio, sino porque a la tarde me iban a traer un pedido del supermercado y me preocupaba cuánto podían aguantar los lácteos y los congelados a temperatura ambiente. Ahora solo me quedaba ponerles un cartelito en el timbre a los de Coto,  avisando que como no había luz, me llamaran al celular cuando llegaran.

A eso de las seis,  seguía sin noticias  del pedido del supermercado ni de la luz.  En eso viene Sofía y me dice:

– Mami, me parece que afuera hay unos tipos que gritan ¡Coto, Coto! (el nombre del supermercado)

Me asomo a la calle y efectivamente estaba el camión de reparto.

– Hola, hola, ya les abro.
– Ah, hola. Qué suerte, ya nos íbamos. La estuvimos llamando al celular, pero lo tiene apagado.
– No, lo tengo prendido y en el bolsillo -les digo mientras se los muestro. ¿A qué número me estuvieron llamando?
– Al 5678 1234
– Ah, no.. ese no es mi celular. Es un fijo y no está funcionando. Pasen, pasen…

Obvio que nunca se iban a poder comunicar a ese número. Es la línea de telefonía digital que tuve que pedir cuando Telefónica de Argentina decidió dejarme sin teléfono durante cuatro meses y limitarse a mandarme las facturas en cero. Tampoco crean que me devolvieron la línea porque al centésimo día sintieron  que ya era hora de darme algún tipo de servicio. Nada de eso. Resultó que mi tía, averiguando y preguntando,  encontró a una conocida que conocía a alguien que trabaja en Telefónica. Al día siguiente vino el técnico y mi teléfono resucitó. El problema resultó ser solo una patita del cable sulfatada ¡Encima eso! ¡Mentime al menos! Decime que era algo tan complicado que justificaba plenamente haberme quedado cuatro meses sin teléfono. No lo empeores con que era una idiotez que me podrían haber arreglado al día siguiente…

Empezó a caer el sol. En conjunto no había sido un día muy malo. Sofi se había entretenido leyendo, jugando a embocar una pelotita en un balde con agua y sacando las hojas marchitas de las plantas del patio. Juli había estado en la cama casi todo el tiempo. Los adolescentes comparten con los leones machos la capacidad de dormir veinte horas sobre veinticuatro.

Según las últimas noticias hacia la noche se iba a restablecer totalmente el suministro eléctrico, pero oscureció y todo seguía igual. A las veinticuatro horas sin electricidad, abrir la heladera me daba definitivamente miedo, así que enfilamos hacia el patio de comidas del Village Caballito (donde por razones misteriosas, sí había luz) para cenar…

Recién hoy, miércoles por la noche volvimos a tener electricidad. Como les prometí, les empiezo a contar lo que pasó en estos días. Sin embargo, con la vuelta de la luz empezó otro problema del cual me voy a tener que ocupar mañana. No puedo seguir ahora,pero como quedó bastante del tema del apagón, se los voy a ir contando en partes apenas pueda. Si no pasa nada más 😦 , la próxima, mañana.

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6 comentarios el “A oscuras (2º parte)

  1. Ufff..donde yo vivo, la luz se va harto veces cuando resulta que llueve, cero condicionados al mal tiempo, por aquí… Somos sureños de sol y calor y cuando llueve más de lo necesario como este año, las casas se inunda,la luz se va , al gente se olvida de conducir y todo el mundo se pone de mal humor,cuando en realidas la gente es máximo alegre y siempre te reciben con una sonrisa.

    No sabemos vivir sin los lujos que tenemos, estamos enganchados a todo, a luz, internet, móvil, el frigorífico, etc…Todo es necesario, suponemos,cuando es prescindible, pero no queremos vivir arcaicamente, ni falta que nos hace, ¿verdad?jejee

    Y respecto a compañías telefónicas, yo tb tengo jaleos absurdos con ellas. Me sacan de quicio…

    Impaciente por cómo ver continúa el asunto Jorge.

  2. ¡Cualquiera que te lee podría pensar que no vivís en Argentina!
    Acá tenemos todos los servicios privatizados… y, como es privado… funciona todo… o no?
    ahhhhh….. no… es al revés…. cierto!!!!!
    Bueno… espero las noticias no contadas!!!!! y espero que no se te vuelva a cortar la luz!

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