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Revisando la agenda de los ex


En los veinte años que siguieron al viaje, algunas cosas habían cambiado. No yo, por supuesto, que lucía (casi) exactamente igual, pero habían ido apareciendo cosas nuevas, desde el CD y los celulares hasta las computadoras personales e internet.

Ya hacía tiempo que existía el correo electrónico cuando Leo me escribió. Me sorprendió que se hubiera tomado la molestia de ubicarme después de tanto tiempo. En el mail me contaba que había llegado a ser un reconocido psiquiatra y que  quería saber en qué andaba yo. No aclaraba porqué le interesaba saber de mí luego de veinte años de silencio, pero supuse que se habría divorciado o algo así. Si  su matrimonio había sido largo, la agenda de las ex debía remontarse muy atrás en el tiempo.

En ese momento estaba casada y poco inclinada a revivir antiguas relaciones. Le contesté que me había dedicado a la ginecología y que irradiaba felicidad junto a mi marido y mis dos hijas. Nunca me contestó, lo cual reforzó mi idea de que estaba disponible y buscando.

Pero unos años más tarde, la que divorciada era yo y después de unos meses empecé a fantasear con la idea de volver a estar en pareja. Pero, ¿cómo? O mejor dicho, ¿dónde iba a conocer a alguien? Hace quince años que trabajo en el mismo lugar y nos conocemos todos. En realidad, casi debería decir todas, somos abrumadora mayoría de mujeres. Mis amigas están casadas y las que no, están solas. Nunca me sucedió que en el gimnasio, en un curso o en la calle, un hombre me dirigiera la palabra. (De hecho sigue sin sucederme). Empecé a revisar mentalmente la agenda de los ex. Deprimente, paupérrima, improbable.

Antes de ponerme de novia y casarme con Javier, mi currículum sentimental se resumía en un solo nombre: Sergio, mi primer novio. Salimos casi un años cuando yo tenía dieciocho. Fue mi primera vez y también la de él, pero ¡ay! no éramos demasiado compatibles (tampoco en la cama, aunque mi nula experiencia hacía que me fuera difícil darme cuenta) y la relación fue decayendo. Un día, mientras estaba aprendiendo a manejar, salí a practicar con el auto y caí de sorpresa en su casa. La sorpresa fue mutua. Él se puso nervioso al verme y yo me encontré con la presencia de una compañera de la facultad en su casa. Estaban completamente vestidos, pero no era difícil darse cuenta de que “algo pasaba”. Y así fue, días más tarde Sergio me llamó para decirme “tenemos que hablar” y puso fin al noviazgo.

O sea que mi agenda de ex constaba de un solo nombre, además de un detalle que todavía no mencioné. Resulta que mi mamá y la de Sergio, habían sido compañeras en el Liceo y muy cada tanto seguían hablándose.  A lo largo de los años me fui enterando de que:

  1. Sergio se había casado.
  2. Sergio había tenido tres hijos.
  3. A Sergio le iba muy bien en su carrera.
  4. Sergio había hecho aliá (emigrado) a Israel con su familia.
  5. A poco tiempo de llegar se había divorciado (según su madre, la nuera era una bruja, pero ¿quién sabe? de mí decía lo mismo. El problema era ella).
  6. Seguía viviendo allá “por los hijos”.

En resumen, mi único contacto vivía dos continentes más allá. Muy, muy triste. Con el tiempo llegué a ubicarlo vía Facebook y  nos reencontramos, al menos virtualmente. Nos escribimos, chateamos y una vez me llamó por teléfono. Nos divertimos y también pudimos aclarar temas del pasado (entre otras cosas y tal  como sospechaba, la compañera con la que lo encontré aquel día fue después su esposa y más tarde su ex), pero ambos sabíamos que esos eran los límites de nuestra relación.

Agotado mi único contacto, me quedé pensando a quién me hubiera gustado rastrear por Facebook. Alguien con quien me hubiera quedado con las ganas, digamos…  ¡Andy, claro! ¡Qué bueno estaba! Con un poco de suerte, ya estaría divorciado de su primera esposa y nuevamente disponible. Milagrosamente lo ubiqué en Facebook al primer intento. Afortunadamente me contestó enseguida. Y degraciadamente, hasta acá llegó mi buena suerte.

Andy me escribió en extenso, aparentemente feliz de haber retomado el contacto. Sin embargo los punto destacados eran: que se había casada con la novia a quien conocía de aquellos años, que seguía casado con ella y que vivían en Israel con sus dos hijos desde 1991. Ah.

¿Pero será posible que nadie se haya quedado en la Argentina? Y en ese momento de acordé de Leo.

Y le escribí.

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20 comentarios el “Revisando la agenda de los ex

  1. le metés suspenso ehhhhh

  2. Uffa! todo de a puchitos!
    Trata de terminar para la entrega del miercoles que el jueves me voy de viaje!!!!

    • Betina, acabo de abrir mi corazón contando la historia de mi primer novio. ¡Más respeto por favor! 😉

      PD: malas noticias. Vas a tener que buscar la forma de conectarte durante el viaje.

  3. Cómo debe haber dolido lo de Sergio! A esa edad todo nos marca mucho.

    Y no sé que habrá pasado con Leo. Pero asumo que vive acá y que tuvieron un reencuentro. Ahora, no tengo idea si fue bueno o malo. Para saberlo espero al próximo post.

    • Estuve semanas llorando. Mi mamá me vio tan mal que se le ocurrió la idea del viaje. Pero, cuando me fui a Israel ya estaba bastante recuperada (como se desprende del relato del viaje :-))

  4. De a poco viene bien así vamos entendiendo las etapas .
    Intriga con Leo! 🙂
    Beso
    Lady Baires

  5. Eso es lo que mi amiga y yo llamamos “reciclaje de chongos”
    Jajajaja

    Besos!

    D

  6. Siempre me pregunto si tener “poco para reciclar” (es mi caso también) es una ventaja o un problema. ¿Significa que hemos sido capaces de sacar todo el jugo de cada relación y por eso hemos tenido pocas? ¿Qué nos conformamos fácilmente? ¿Qué tuvimos suerte? Sobre todo en un contexto de estabilidad afectiva que también se verifica en otros vínculos.
    Sólo quería compartir esta reflexión que me fue sugerida por el post, pero también por los comentarios.

    • Supongo que si lo ves en el contexto de haberte evitado malos momentos, es mejor. Ahora, si te quedaste sola, decididamente es una desventaja 🙂

  7. en el post anterior te decía que sos una genia. no solamente por cómo escribís, que la verdad le mete mucha onda, sino también por lo que el blog deja entrever de cómo pensás…me expliqué??
    muuy divertido el reciclaje! arriba el desarrollo sustentable!!
    besos
    la

  8. revisando su pasado encontró en el presente a un lector del futuro…

    Me gustó

  9. Mis segundas partes siempre fueron buenas, casi mejor que las primeras… como si la vida te diera revancha….en realidad revanchita, porque segundas partes casi siempre duran poco, o estamos con otra cabeza y es como que sin nada de dolor reconocemos que por algo pasó lo que pasó que terminó aquella relación…. pero ahora con otro sabor, sin tanta angustia, y felices de poder cerrar tan bien una historia.
    Segundas partes casi siempre terminan siendo excelentes amigos.

    hace algunos años era tan comun eso de mandar a las hijas a cambiarse las ideas de un novio perdido o poco conveniente!!!! a mi no me mandaron a ningun lado!!!! que pena! 😉

    un beso

    • A veces con las segundas partes pasa como con la gente que reecontrás vía Facebook. Al principio es todo entusiasmo, pero después te empezás a acordar porqué hace viente años que se dejaron de hablar.

      Una pena lo de tu (no) viaje…

      Besos

  10. jaa! me encantó el comentario sobre el Facebook que le hiciste a Ana, Amanda… es tal cual! Sirve para conectarte con gente y generar esas “segundas partes” en la relación con amigos, conocidos… que después se desinflan, por los mismos motivos que se desinflaron en vivo y en directo, cuando no existía el cómodo acercamiento que te da la tecnología. Al fin y al cabo, como dice Ana, las segundas partes sirven para cerrar historias, pero con una madurez que no existía en las primeras. Muy lindo post.

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