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Alejandro, el médico sin fronteras


Estoy parada en la esquina acordada, a la hora acordada. Yo estoy, pero no veo a nadie con cara de venir a una cita a ciegas. Ese buscar entre la gente  quién puede ser tu candidato. Yo miro a todos los hombres. Todos pasan apurados y nadie me mira. Tampoco tengo idea de su aspecto y eso dificulta las cosas (para decirlo suavemente).

Se acerca uno. ¿Será? Ojalá, pero debe tener 30 años.. Sigue de  largo. No, no podía ser..

Miro a otro. Por favor, espero que no sea ese. Está destruido. También pasa de largo. Gracias, Dios de los que no creemos en Ti.

¿Será ese? No, tampoco…

A los cinco minutos, me empiezo a poner nerviosa. En circunstancias normales, le mandaría un sms para ver por dónde anda. Incluso, lo más habitual es que él mismo me avise si está retrasado. Pero Alejandro no tiene celular.

A los diez minutos, después de examinar a decenas de desconocidos que pasan a esa hora por Santa Fé y Agüero, abrigo serias dudas sobre mi cordura. ¿Cómo se me ocurrió citarme con un desconocido del cual ni siquiera vi una foto, ni tengo manera de comunicarme? Empiezo a desear que no venga. Decido esperar quince minutos por cortesía e irme.

A los quince minutos, un hombre sale de la boca del subte y dirigiéndose a mí, me dice:

–          ¿Amanda?  Disculpame, me perdí y se me hizo tarde.

Lo miro. Su aspecto no me dice nada a favor, pero tampoco en contra, que no es poca cosa.

Nos sentamos en una mesa de Aroma. Me empieza a contar que volvió a la Argentina con ganas de trabajar en un proyecto de Salud Pública. Se detiene en cada detalle acerca de cómo logró acceder a la ministra de Salud y a su puesto actual. Escucho con cortesía, pero me aburre bastante. Le pregunto sobre su trabajo en el exterior (ese que fantaseé que transcurría en un campo de refugiados). Lo elude y me sigue contando sobre su puesto en el Ministerio. Le vuelvo a preguntar y me contesta con una historia sobre una relación que tuvo con una centroamericana y su vida allí. Por lo que puedo deducir, su labor era sobre todo administrativa.

Lo veo viejo,  no sólo por los once años que nos separan, sino mentalmente viejo. No le gustan las computadoras,  ni los celulares, ni la tecnología en general, ni los sabe manejar. El reloj que tiene es igual al de mi papá y eso me deprime.

Me pregunta por qué me divorcié. Le cuento una versión resumida. Que nos fuimos distanciando, que ya no nos importaba el otro…

–          ¿Sólo por eso te divorciaste? – me pregunta. ¿No te apuraste a tomar la decisión?

¿Eh? Disculpame, ¿qué parte de “estuve casada 20 años” no entendiste? ¿Qué esperabas que te cuente? ¿Qué mi ex se emborrachaba y nos pegaba? ¿Qué vivíamos con mis padres porque nos habían rematado la casa por deudas de juego? Además, ¿quién estuvo casada? ¿Vos o yo? ¿Cómo te atrevés a cuestionar mi decisión después de haberme visto veinte minutos?

Charlamos un rato más y a la hora, pongo la típica excusa de “me tengo que ir, dejé a mis hijas solas”. Nos despedimos sabiendo que es para siempre.

Vuelvo deprimida, no tanto por la cita en sí, sino porque siento que todo esto no está conduciendo a nada. No sé si seguir o no…

Cuando llego a casa, abro mi bandeja de entrada y me encuentro con una sorpresa. Después de tanto tiempo, Ceci me escribe para saber en qué ando.

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12 comentarios el “Alejandro, el médico sin fronteras

  1. Ay ay ay!!!!
    que ganas de haber seguido de largo o habete ido el minuto antes…que encuentros deprimentes esos, en los que ni siquiera podes decir al menos me reì, hablè de cosas ineteresantes, la pasè bien como si hubiera sido un buen amigo…aunque no de para una segunda.
    Es frustrante!
    beso

  2. Es increíble la expectativa que generan estas cosas no ? De hombre de mundo, aventurero… (en el mail así sonaba ) a empleado publico del Ministerio , y bue …. es la vida , por eso cuando uno se describe , siempre con modestia , es mejor ser una sorpresa … que una decepción.
    Don’t worry guapa ¡¡¡¡
    besos

  3. Una pena, Amanda. Sólo queda el amargo consuelo de saber que todos tuvimos primeras citas peores. Alguna vez te contaré la mía.
    Aproveché un recreíto para pasar por acá.
    Besos.

  4. Los indagadores/as son bastante molestos.
    ¿Como pretenden entender los motivos de un divorcio en una cita de una hora con un desconocido!!!
    Creo que atras hay algo de “si sé los motivos por lo que se divorció deduzco algo de qué tipo de persona es”, pero alguien cree que es posible deducir algo en una primera cita?

    • Es bueno preguntar y callarte tu opinión hasta conocer mejor a la otra persona. No todos practican tan sensatos pricnipios…

  5. ¿Quien es Ceci??
    sigo leyendo…

  6. Me suena conocido lo q contás sobre Alehandro, el “médico sin fronteras”. Yo tuve una cita a ciegas con un “Alex” que decía dedicarse a lo mismo, tampoco tenías celular y no tenía ni idéa de cómo funcionaba la organización. Se deliraba x la tangente ante cualquier pregunta referida al tema.
    Yo tengo escito un texto sobre este individuo q se titula “La tristeza de no poder ser real ni siquiera en el mundo virtual “.
    Lindo blog, recién llegué, infirero q para quedarme.
    Q no deciaga!!!!! Estoy felizmente en pareja hace 4 años gracias a internet. Besos.
    Lectora ya no tan Silenciosa

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