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En el consultorio


Me es difícil negarme. Gabriela quiere venir ya mismo al consultorio. Suena histérica y por lo que entiendo el problema es que a su novio le salió “algo en el pene”.
Decididamente no es algo que entre dentro de mi especialidad, pero sucede que según el médico que lo vió, el contagio viene de Gabriela. Indignada y ofendida, quiere que yo demuestre su inocencia. Linda forma de empezar el fin de semana…

Sábado 11 hs. Timbre. Llegan. Los hago pasar y por primera vez en mis años como ginecóloga, me dirijo a ÉL y le pido que me cuente qué le pasó. Me contesta que le salió “un granito” en el pene. Fue a una guardia y le explicó al médico lo que le había pasado.

Médico de guardia:- ¿Usas preservativos?
Novio de Gabriela:- No
MG (poniendo mala cara):- Esto te lo contagió tu novia. Tenés que ir a un infectólogo.
¡Asombroso! Un genio. En unos segundos y con una sola pregunta ya sabe el qué, cómo, por qué y dónde. Es todavía mejor que Dr House.

Lamentablemente yo todavía tengo que hablar un poco con la gente para llegar a un diagnóstico. Así, pregunto dónde le había salido, cuándo y cómo y les digo que lo más probable es que sea un herpes. Diagnóstico casi confirmado cuando me dice que solía tener herpes en la boca y lo que tiene “ahí” es igual. Desgraciadamente todavía no es el momento de felicitarme por mi genialidad, cobrar y despedirme. La gran pregunta sigue flotando…

NG (enojado):- ¿Y de dónde me contagié el herpes?
Yo:- Bueno, nadie puede saber en qué momento te contagiaste. Puede haber sido hace mucho y que recién ahora te haya salido. El virus puede quedar “guardado” sin dar síntomas por años.
NG (más enojado):- Sí, pero ¿de quién me lo contagié?
Yo (en tono cómplice):- Y… no sé , quizás de alguna otra novia que hayas tenido antes.
NG (ofendido):- Yo con la única mujer que tuve relaciones es con Gabriela.
(Yo, globito de pensamiento) Noooooo, no puede ser que tenga tanta mala suerte de encontrarme justo ahora con un tipo de casi 30 años que cogió con una sola mina.
Yo: – Bueno, si Gabriela nunca tuvo herpes y vos solés tenerlo en la boca, lo más lógico es pensar que te lo contagiaste vos mismo de ahí. No se me ocurre otra posibilidad- concluyo.

Ahí seguí con un largo bla-bla-bla técnico sobre el herpes (se los ahorro). Discurso el novio escucha con escepticismo. Los años de profesión me han demostrado que la gente indignada porque cree que le fueron infieles, dista de estar en un estado de ánimo adecuado para analizar nuevas ideas. Dicho en otras palabras, quieren que se les explique dónde, cuándo, con quién y en qué posición les metieron los cuernos. Todo lo demás no les interesa y por consiguiente no lo escuchan.

Ya que mi diagnóstico es sólo de palabra, al explicar sobre el contagio o el tratamiento, deslizo un “si esto es un herpes” de vez en cuando. No sea cosa de quemarme si resultaba ser otra cosa.
Cansada de tanta indefinición, Gabriela exige:
1) Ser examinada para probar su perfecto estado de salud lo (lo cual hago rápidamente), y
2) Que yo vea las lesiones del pene de su novio, a lo cual accedo con la actitud profesional de quien está harta de ver genitales masculinos a toda hora (les aseguro que no es el caso). Por suerte, a él la idea lo horroriza tanto o más que a mí y se niega.

Gabriela no se echa atrás ante las dificultades. Decide sacar algunas fotos con su celular para que yo las vea. No termino de decir de decir “no creo que valga la pena…”, cuando mete a su novio dentro del bañito minísculo de mi consultorio. A continuación escucho algunos sonidos extraños mientras intento no reírme pensando en cómo se las estarán arreglando para posar en tan poco espacio.

En circunstancias normales no me jugaría a decir que lo que veo en el celular es un herpes sin lugar a dudas, pero éstas no lo son. Decreto que sí. El novio da por buena mi suposición del autocontagio. O quizás solo finja hacerlo para evitar una exposición aún más humillante. Le doy el tratamiento y nos despedimos filosofando acerca del herpes y de la vida.

Demasiado para comenzar un fin de semana.

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4 comentarios el “En el consultorio

  1. Me maté de la risa leyéndolo. Creo que se gana el premio a el uso más insólito de un celular!

    Un poco más en serio, este muchacho tenía el atenuante de que Gabriela hubiera sido su única pareja (aunque siendo hombre es indemostrable, je) pero en general, que pesadas son las personas que hacen una caza de brujas con el tema de “se me puso rojito aca”, “me aparecieron puntitos por aquí”, es insoportable.

  2. Demasiado embarazoso, sobre todo pensar en la forma de auto contagio. Me reí mucho con el posteo.

    Isa

    • Lo del autocontagio es una tontería. Solo una mano que va de acá para allá y con eso es suficiente. Pero el uso que le dieron a la cámara del celular fue bastante particular 🙂

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